La endodoncia se indica cuando la pulpa dental (el tejido interno del diente que contiene nervios y vasos sanguíneos) está dañada de forma irreversible, ya sea por infección, inflamación o necrosis.

Los casos más comunes en los que se necesita realizar este tratamiento son:

  1. Caries profundas
    • Cuando la caries avanza tanto que alcanza la pulpa, produciendo dolor intenso y sensibilidad al frío, calor o dulce.
  2. Traumatismos dentales
    • Un golpe fuerte puede fracturar el diente o lesionar el nervio, incluso sin que haya caries visibles.
  3. Infecciones o abscesos
    • Si las bacterias llegan al nervio, se produce una infección que puede extenderse al hueso y generar inflamación, pus y dolor al morder.
  4. Tratamientos dentales repetidos en la misma pieza
    • Restauraciones o empastes muy grandes, o realizados varias veces en el mismo diente, pueden debilitar y dañar la pulpa.
  5. Fracturas dentales
    • Cuando la fractura deja expuesto el nervio, la endodoncia es necesaria para salvar la pieza.

En otras palabras, la endodoncia es necesaria cuando el diente ya no puede “curarse solo” y el nervio no es recuperable. Es la alternativa para conservar la pieza natural, evitar extracciones y aliviar el dolor del paciente.