Sí, un diente tratado con endodoncia puede volverse más frágil que un diente sano, pero no por el procedimiento en sí, sino por varios factores asociados:

  1. Pérdida de estructura dental
    • Generalmente, el diente sometido a endodoncia ya tenía una caries profunda, fractura o desgaste previo. Esto significa que ha perdido una parte importante de su estructura natural, lo que lo hace más débil.
  2. Eliminación de la pulpa
    • Al no tener nervio ni vasos sanguíneos, el diente deja de recibir “nutrición interna”. Aunque no muere como tal, sí pierde cierta elasticidad y resistencia natural, lo que aumenta el riesgo de fracturas.
  3. Rehabilitación posterior
    • Después de una endodoncia, es fundamental restaurar el diente adecuadamente. En molares y premolares, se recomienda colocar una corona o incrustación, porque un simple empaste no siempre ofrece la resistencia necesaria.

Conclusión:
Un diente endodonciado puede ser más frágil, pero con una restauración adecuada (corona, incrustación o empaste bien diseñado) puede durar muchos años y funcionar igual que un diente sano. La clave está en el cuidado posterior y en evitar sobrecargarlo al masticar.